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Tere
Paty
Paty
Paty
Paty

Chepina
 
Chepina Peralta
 

Era el año de 1959, mi hija estaba en primaria (parece relato de la prehistoria), las juntas de la sociedad de padres de familia consistían en una reunión de 10 ó 12 señoras a escuchar los “avisos de la madre directora”. Un día, en uno de esos avisos se sugirió que hiciéramos una biblioteca para nuestro beneficio; rápidamente me ofrecí a formarla y compré todos los libros sobre relación de parejas, educación de hijos, enfermería, etc. que yo quería leer.

Muy pronto me convertí en la guía de lectura del grupo. Naturalmente, al año siguiente me nombraron presidenta de la sociedad. Entonces se me ocurrió invitar a cada evento a un especialista que tratara temas que a mi me interesaban. Poco a poco, aquella docena de señoras del grupo inicial, se convirtió en un conjunto hasta de 60 personas con la asistencia también de padres de familia. Ésta fue mi primera experiencia en la que empecé a ser conciente de mi poder de convocatoria.

Poco a poco fui descubriendo que cuando se ofrece algo que responde a las necesidades de las personas, se explica claramente el plan, se da a conocer que se requiere para realizarlo, el compromiso que se adquiere al aceptarlo, los posibles resultados y se aclaran dudas; la gente acepta y se logra un alto porcentaje de éxito. Pero hay otro ingrediente en este descubrimiento y ejercicio conciente de mi liderazgo que es muy importante mencionar: Siempre he sentido la necesidad de conocerme “por dentro”, de entender mis procesos, mis “porqués” y de trabajar en la integración de mi ser físico, mental y espiritual, atendiendo a las necesidades de cada uno y de adquirir los conocimientos que necesito para lograrlo.

A medida que he ido avanzando en este sentido, voy descubriendo las similitudes que tenemos los seres humanos, por ejemplo:
.- que todos en menor o mayor grado tenemos deseos de saber.
.- que todos tenemos la necesidad de sentirnos amados, de ser reconocidos.
.- que el estar insistiendo en los defectos y debilidades nos lleva al desánimo.
.- que es más importante trabajar con los valores y cualidades de cada uno.
.- que el aprendizaje debe darse en un ambiente grato y relajado para su mejor comprensión y aceptación, y lo más importante: que cada persona tiene su propio proceso de evolución y crecimiento que nadie tiene derecho a violentar so pena de destruir.
Así al ir descubriéndome, voy descubriendo al otro, el mundo se ensancha y cada uno vamos teniendo nuestro espacio, solamente hay que ayudarnos a ser concientes de esto.

Las incomprensiones, las soledades y los fracasos, invariablemente, si estamos atentos, traen consigo una enseñanza y una posibilidad de crecimiento.

Y que puedo decir de todas las personas que me han enriquecido con su compañía y cariño a lo largo de mi vida, de lo que he aprendido a su lado. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que no sería la persona que soy ahora sí hubiera faltado alguna de ellas.

Me siento muy afortunada de vivir en este  mundo, en este tiempo y de ser la mujer que soy, con todas las posibilidades que ahora me ofrece la vida.